a veces me gusta ver el amor
como un problema matemático
la incógnita a desvelar es cómo
sostener el sentimiento romántico cómo
amanecer transcurrir y trasnochar arrebatado
algo ya adelanto bastante utópico y
por qué no descabellado yo sé
exactamente cuántas horas y cuántos minutos
dura el efecto de esta la otra y aquella droga
cuando esperas que te haga efecto cuando
te sube cuando estás en pleno éxtasis cuando
empieza a bajar cuando vuelves a la serenidad
y sin embargo me cuesta exponeros
cuál es el funcionamiento de ciertos neurotransmisores
en concreto la dopamina y la serotonina
en mi cuerpo en estos tiempos
porque llevaba un año limpia hasta que irremediablemente he
caído y no soy ni sofista ni mucho menos
científica
pero me gusta coquetear con ciertas
filosofías
yo sé que a veces cuando he experimentado
esta la que de aquí en adelante llamaremos
la séptima droga
me he vuelto loca de remate y eso hay que admitirlo
ha dado lugar a grandes catástrofes
pero estos días estas semanas estos meses
que llevamos viéndonos no he perdido los papeles
no he provocado incendios ni inundaciones
solo y disculpadme por esto he sentido
un placer de un tacto suavísimo
así que anuncio mi desconocimiento
total y absoluto del asunto que nos ocupa
yo que estaba acostumbrada a acudir a las palabras
para dramatizar encuentros y desencuentros
para declarar mis deseos
me encuentro ante la necesidad de admitir un giro argumental
y dar mediante ellas testigo
de lo que se supone que no es el amor
pero que en realidad intuyo que sí
podemos decir que si el romance es
igual a deseo más intimidad
multiplicado por pasión esta ecuación
de la matemática amorosa
reduce a un sencillo cálculo todas las horas
que pasamos juntos por ejemplo acariciándonos
o ese día en el que mi sombra se proyectaba sobre tu cuello
mientras fumábamos de madrugada
gracias a las luces de la calle
o ese día en el que el sol se ponía en el palmar
y me dijiste qué bien te sienta este escenario o
aquel otro en el que me abrazaste mientras doraba la cebolla
o cuando nos besamos en mi habitación
el día de san valentín con la música de un acordeón
que venía de la calle de fondo
y tú bromeaste diciendo que habías contratado tú
a los músicos para hacer de ese momento romántico
un momento exponencialmente más romántico porque para algo
eres francés
{...}
No hay comentarios:
Publicar un comentario